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Cuidados del cordón umbilical: una cicatriz muy particular

Una vez que el bebé ha salido del vientre materno, este cordón es cortado y anudado, dejando en el frágil cuerpo del recién nacido un muñón de 3 a 7 centímetros que, tras 2 ó 3 semanas de “secado”, se desprenderá, dejando una cicatriz muy particular que lo acompañará por el resto de su vida: es el ombligo.

Sin embargo, este proceso tan natural requiere de ciertos cuidados específicos para evitar cualquier tipo de infección.

Cómo realizar el aseo del cordón

Aunque la matrona o el pediatra neonatólogo entregan todas las indicaciones necesarias para realizar un buen aseo del ombligo del bebé, es importante recordar los aspectos más elementales.

Según la pediatra Begoña Corta, el momento más apropiado de hacerlo es en cada muda. Lo primero es lavarse bien las manos. Luego, con un trozo de algodón humedecido en alcohol puro o povidona yodada líquida, se debe limpiar la base del cordón, en aquellas zonas que se observan blanquecinas, retirando cualquier secreción. Una vez limpia la base, se debe asear todo el cordón, procurando no tirarlo ni limpiar alrededor de éste para no irritar la piel del bebé. Cuando haya terminado, debe continuar con la muda, evitando cubrir esta zona con el pañal, pues la humedad demora el proceso de cicatrización y genera un ambiente propicio para la aparición de microorganismos.

Por lo general, se recomienda el uso de pañales especiales para recién nacidos, cuya forma está diseñada para dejar el ombligo al aire libre, o bien, doblar el pañal normal, de manera que esta zona quede al descubierto.

Para las madres primerizas este procedimiento suele resultar complicado, pues el bebé llora desconsoladamente mientras se le realiza la limpieza. Esto no significa que le duela, sino que la sensación fría del algodón humedecido le incomoda, lo que manifiesta a través del llanto.

Señales de alerta

Aunque es poco frecuente, puede suceder que ocurran algunos inconvenientes que deben ser necesariamente controlados por el médico del bebé.

Lo óptimo es que el cordón vaya secándose progresivamente. Sin embargo, es normal que en la base haya cierta humedad y secreción amarillo-fibrinosa. Algunas veces es probable que sangre producto de algún roce, pero esto se detiene apenas se limpia con povidona o alcohol. Incluso una vez desprendido puede eliminar una especie de coagulo, aunque muy escaso, lo que también es considerado un evento normal.

Pero una de las señales más claras para detectar la presencia de infección del ombligo u Onfalitis es el enrojecimiento y/o inflamación de la zona y secreción purulenta (pus). En ocasiones puede ir acompañada de fiebre o malestar del bebé, que se manifiesta en demostraciones evidentes de dolor o decaimiento, en cuyos casos debe acudir de urgencia a un centro médico, pues requiere de un tratamiento antibiótico inmediato, para evitar complicaciones como trombosis de los vasos sanguíneos del ombligo y del hígado, o una infección generalizada.

El resultado

Es común que los padres se cuestionen o sientan curiosidad acerca de cómo quedará finalmente el ombligo de su pequeño hijo. ¿Hacia adentro o afuera?, ¿alargado o redondeado?, ¿lindo o feo?.

Algunas creencias populares han llevado a más de algún papá a intentar hacer algo por la estética de éste. En la Edad Media, por ejemplo, ya se usaba fajar a los niños para afirmar una bolita de plomo que formara un “hermoso y profundo” ombligo, y hoy algunos padres hacen algo similar con botones y monedas. Sin embargo, estos “métodos aplanadora” no sirven de nada, y sólo provocan la incomodidad del niño.

Puede ocurrir que una vez caído el cordón se evidencie una pequeña protuberancia -entre 1 y 5 cm de diámetro- debajo del ombligo, la cual se hace más notoria cuando el bebé llora. A esta se le conoce como hernia umbilical, muy frecuente e indolora, la que debería desaparecer sin necesidad de tratamiento antes de los 4 años. En caso contrario, puede requerir de una cirugía ambulatoria que no presenta mayores complicaciones para el niño.

Como sea, el ombligo es parte de cada uno, y cada cual le dará la importancia que le parezca. Algunos jóvenes la decorarán en el futuro con piercing o tatuajes; otros lo verán como la vía de acceso para la laparoscopía o, simplemente, como un espacio inútil que sólo guarda pelusitas de ropa.

Fuente: extracto de artículo publicado en Revista PadresOk, enero 2003.

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