 |
|
 |
|
Preparando la hospitalización de un hijo
|
|
|
La intervención quirúrgica en un niño no es una situación fácil ni para los padres ni para el propio afectado. Si bien es cierto que hay intervenciones de urgencia, donde no cabe la meditación del asunto, hay otras, planificadas, que requieren de una reflexión especial, de una preparación psicológica previa para enfrentar la operación y hospitalización.
Estas situaciones provocan temor e incertidumbre en la familia completa. Los padres temen que el niño quede solo, que algo falle y no estén ellos presentes para ayudar... El niño, por su parte, percibe esta situación de angustia, a través de las miradas o el nerviosismo de sus padres, y se asusta ante lo que representa una posible experiencia dolorosa.
Los temores y formas de enfrentar la hospitalización dependen en gran medida de la edad del niño y de la relación que mantenga la familia con el tema. Según la Psicóloga de la Clínica Alemana, Alejandra Silva, el niño aprende a mirar con los ojos de su familia. Si ésta toma la hospitalización con naturalidad, como un procedimiento de rutina para curar alguna enfermedad o malestar, el niño lo tomará con calma y disminuirá su ansiedad.
Por estos motivos se hace necesario un proceso de preparación, donde el niño, de acuerdo a su edad, se familiarice con el ambiente hospitalario y los padres adquieran el conocimiento necesario para enfrentarse a la intervención.
|
|
La hospitalización por edades
|
|
La psicóloga Silva, hace una descripción detallada de cómo enfrentan los niños la hospitalización dependiendo de las distintas edades:
- En el caso de los lactantes, el bebé sólo percibe un cambio de rutina y ambiente y responde de acuerdo a ello posiblemente con llanto. No necesita preparación previa.
- Entre 1 y 2 años, el niño es muy concreto y teme a la separación o abandono por parte de sus seres queridos. Carece de razonamiento lógico y relaciona la enfermedad u hospitalización como una situación específica, sin motivos.
- De los 3 a los 5 años el pequeño adquiere un pensamiento más bien de tipo mágico. La enfermedad aparece como un castigo por una mala conducta. Le asusta el dolor o cualquier lesión corporal y necesita la compañía de sus padres para sentirse seguro. A esta edad, los especialistas coinciden en los beneficios de integrar el juego como medida para familiarizar al niño con el entorno hospitalario, pues acceden a la realidad reviviendo en fantasía sus mismas situaciones.
- De los 5 a los 9 años, el niño puede comprender muchas cosas. Le gusta saber, preguntar, que le expliquen los fenómenos que ocurren o van a suceder. Siente temor por la naturaleza de su enfermedad y le preocupa la separación de su grupo de amigos.
|
|
|
|
|
- En la etapa pre adolescente y adolescente (10 a 15 años) es donde la hospitalización produce mayor incomodidad. En este período, el muchacho no se siente ni grande ni chico, lo que le provoca gran inseguridad. Necesita a sus padres cerca, pero no se atreve a decirlo. Le preocupa la pérdida de su independencia, control e, incluso, de identidad, es decir, de su percepción de sí mismo, como perteneciente a un grupo determinado (familia, amigos, colegio). Según la psicóloga, las reglas hospitalarias para estos casos deben ser más flexibles, permitiendo, por ejemplo, que usen su propio pijama, que escuchen música o peguen algún póster en la pared, para que sientan un ambiente más propio. Es muy importante, además no alejarlos de sus amigos, permitiéndoles visitas frecuentes siempre que sea posible y que cuenten con la autorización del médico tratante.
|
|
¿Cómo preparar al niño?
|
|
Independientemente de la edad del paciente, es necesario considerar algunos aspectos que ayudarán en el proceso de preparación:
Conocer el lugar. Todo lo desconocido genera una especie de desconfianza en el niño. Dependiendo de la edad, la sola idea de ser manipulado con herramientas quirúrgicas le causa temor y a los efectos simples de una hospitalización como son los dolores, alteraciones del apetito, etc., se suman los efectos reactivos, que incluyen cambios de conducta, regresión emocional, depresión y otras alteraciones. Por ello es bueno llevarlo al lugar de la hospitalización, mostrarle la pieza que ocupará, etc.
Mantener buenas relaciones Médico-Paciente. Es importante que exista una buena relación entre el personal médico a cargo de la operación, los padres y el propio niño. Muchas veces se tiende a olvidar que el paciente es el menor, y no se le entrega la información adecuada. Tanto el médico como la enfermera deben presentarse, dando a conocer su nombre y todas las indicaciones que corresponden, como por ejemplo, informar cómo llamarlos en caso de necesidad, o dónde se ubica cada cosa en la habitación (baño, interruptor, etc.)
Preguntar y explicar. Los papás deben solicitar al médico tratante que les explique en detalle los procedimientos que involucrará la intervención, considerando la preparación previa y la fase post operatoria. A su vez, el niño debe ser informado –con un lenguaje apropiado a su edad– de cada etapa de su estadía en el hospital, desde que llega hasta que le dan el alta, incluyendo los traslados de pieza, los paseos en camilla, el pinchazo de la anestesia, la operación misma y su periodo de recuperación, posibles cicatrices y los controles que vendrán.
|
|
|
|
Los padres deben explicar a su hijo enfermo la importancia de la hospitalización como medio para curar dicha enfermedad. El niño debe entender que su estadía ahí será por tiempo limitado y que todo el personal está dispuesto a velar por su pronta recuperación.
Es bueno responder todas las preguntas que le surjan al niño días antes de su intervención pero sin ahondar en ellas ni agrandarlas más de lo que son, es decir, contestar lo justo y necesario para que el niño satisfaga su duda, sin causarle inquietud.
Advertir. Al niño no se le debe mentir. Es preferible que tenga conciencia de que hay cosas que le van a doler y que tendrá plena libertad de expresarlo. De lo contrario, según explica la psicóloga, se le podría generar un sentimiento de desconfianza hacia sus propios sentimientos, provocándole confusión (“yo siento que me duele y se supone que no debería ser así”)
Preparar el bolso. Permitir que el niño participe en el proceso de preparación práctica, le ayuda a asumir de mejor forma la hospitalización. Para evitar que extrañe demasiado la casa, deje que lleve algunas de sus pertenencias más cercanas (juguetes, “tutos”, una fotografía, etc.) Dependiendo del tiempo de estadía en el hospital, procure llevar:
- Un neceser con cepillo para el pelo, peine, jabón, toalla, cepillo de dientes y pasta dentífrica.
- Tres pares de pijamas y tres calzoncillos o calzones, para hospitalizaciones de más de un día.
- Una bata y un par de zapatillas de levantarse.
- Materiales para entretención, como libros de cuentos, lápices, cuadernos para pintar, rompecabezas, etc.
Acompañar. Antes de ingresar al hospital o clínica, el niño debe saber que contará con la presencia de sus padres o familiares, durante el mayor tiempo posible. Hay lugares donde se permite la permanencia de los padres durante las 24 horas, o por lo menos, por varias horas al día.
|
|
Guía práctica para explicar a un niño el proceso operatorio
|
|
A partir de una publicación de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica, PadresOk le entrega una pauta para explicar al niño todo lo que vivirá. Usted, puede adaptarla a su manera, revisarla con su hijo días antes de la intervención, contársela como cuento, que él se la aprenda y la repita con usted, hacer dibujos de cómo se imagina que va a ser todo, jugar a las preguntas y respuestas, etc.
Todos estamos expuestos a que en algún momento de la vida nos tengamos que hacer una operación y esto implica una serie de medidas que hay que tener presentes.
1. Antes de operarte no puedes comer ni beber nada, porque muchos de tus órganos van a estar “dormidos” por la anestesia. La guatita y los pulmones no realizan ningún trabajo mientras ocurre la operación. Si has comido o tomado líquido, éstos se podrían devolver hacia la boca y entrar a los pulmones, y no podrías respirar. Así que aunque te dé hambre o sed, tus papás no te podrán dar nada. (Los bebés menores de un año, no pueden alimentarse cuatro horas antes de la cirugía, pero pueden beber líquidos claros (agua con o sin azúcar, té, jugo de manzana). Los niños mayores de un año de edad, no pueden comer ni beber leche 6 horas antes de la intervención.)
2. Cuando llegues al hospital o clínica, te recibirá una enfermera, que te llevará a una cama que está especialmente reservada para ti. Puedes llevar tu juguete favorito si lo deseas. Tus papás estarán ahí, acompañándote.
|
|
|
|
3. Cuando sea el momento de comenzar la operación, te trasladarán en una cama especial, con rueditas al pabellón de operaciones. En ese lugar habrá unas maquinitas con números y luces de colores, que ayudarán a los médicos a cuidarte mientras duermes. Te llevarán por el pasillo y tu mamá o tu papá te irá acompañando hasta que te duermas.
4. “¿Cómo me voy a dormir si no tengo sueño?”, te preguntarás. Pero en los hospitales tienen unos remedios que hacen que uno se quede dormido. A estos medicamentos se les llama Anestesia y hay varias formas de aplicarla. Puede ser con una pequeña aguja que te ponen en la mano o el brazo, que a veces te hace sentir un gusto extraño en la boca, o bien, te ponen una máscara que tira un gas con olor extraño. Sólo lo respiras unas cuantas veces y te quedas dormido. El pinchazo de la aguja no duele, porque antes te echan una crema que te adormece esa zona.
5. Mientras estés dormido, te estarán controlando todo el tiempo. Cada 5 minutos, sentirás un apretón en el brazo. Eso es por una manga que te ponen para medir tu presión arterial, es decir, para controlar que tu corazón esté latiendo con toda su fuerza. Además, contarán y medirán los latidos a través de unas calcomanías que te pegan en el pecho. A esas mediciones se les conoce como electrocardiograma. Otro aparatito que te pondrán es una especie de clip o anillo que se coloca en uno de tus dedos. Éste mide la respiración.
6. Tú dormirás durante toda la operación. Para que no despiertes adolorido, los médicos continuarán anestesiando la zona afectada y es posible que cuando despiertes sientas partes de tu cuerpo adormecidas, pesadas o temblorosas, pero esa sensación dura sólo algunas horas.
|
|
|
|
|
7. Cuando despiertes, estarás en otra sala, y tus papás estarán nuevamente contigo. Es posible que sientas dolores, pero basta con que le digas a la enfermera, y te dará medicinas para aliviarlos.
8. A lo mejor deberás quedarte unos días en el hospital. Pero no hay de qué preocuparse. Tus papás van a estar allí para acompañarte y habrá otros niños que están igual que tú. Además te podrán ir a visitar tus familiares y amigos. En otros casos, podrás irte a tu casa el mismo día de la operación, y estar con tu familia todo el tiempo que sea necesario.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Fuentes: Alejandra Silva, Psicóloga Clínica de la Clínica Alemana; Libro “El cuidado del bebé y del niño”, Dra. Miriam Stoppard; Publicación “Voy a ser anestesiado”, de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile; www.tupediatra.com; www.intersalud.net; www.embarazada.com
|
 |