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Epilepsia infantil: Fuera de las sombras

Por años la epilepsia fue considerada una enfermedad atribuida a los males del infierno: sus convulsiones impactantes y sin explicación hicieron creer que quienes la padecían estaban “poseídos” por el demonio y por ello se les estigmatizaba y aislaba creyendo que además eran enfermos mentales. El hallazgo de la causa médica de la enfermedad contribuyó a dejar de lado esas creencias, sin embargo aún los padres prefieren ocultar la enfermedad y comunicarla sólo a la familia más cercana.

Hoy, la comunidad científica se encuentra comprometida en la campaña mundial “Sacar la epilepsia fuera de las sombras”, instancia que tiene por objeto informar, derribar mitos y por sobre todo educar sobre esta afección que padece el 4% de la población, quienes gracias a un tratamiento adecuado pueden llevar una vida absolutamente normal.

Epilepsia y cerebro

El doctor Tomás Mesa, pediatra de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Pass President de la Liga Chilena contra la Epilepsia señala que esta afección consiste en un desorden neurológico crónico, caracterizado por la presencia recurrente de crisis, originadas en alteraciones de la actividad eléctrica del cerebro.

Entre sus causas se cuentan las genéticas, hereditarias y secundarias, como consecuencia de traumatismo encéfalo craneano, asfixia al nacer, malformación cerebral congénita, tumores cerebrales y enfermedades degenerativas del sistema nervioso central, entre otras. El especialista explica que existen más de 80 tipos de epilepsia, las que en un 80% se presentan en la niñez y cuyas crisis varían dependiendo de la zona del cerebro en que tiene lugar la alteración, lo que determina que se presenten manifestaciones motoras, sensitivas, sensoriales, autonómicas y/o psíquicas.

Las crisis más conocidas son las tónico-clónica generalizadas, que si bien son sólo un tipo de manifestación son las más reconocidas dado su impacto en quien la presencia. En estas crisis, junto con perder el conocimiento, el niño cae bruscamente al suelo y comienza a moverse en forma descontrolada. Otro tipo es la crisis de ausencia, evento breve que se caracteriza por una desconexión fugaz de la realidad que tiene una duración de 4 a 10 segundos. También existen crisis en que se presentan contracciones de los miembros del cuerpo, rotación de los ojos, movimientos involuntarios de extremidades, boca y lengua.

Crisis bajo control

El doctor Mesa explica que los tratamientos contra la epilepsia tienen por objetivo mejorar la calidad de vida del niño y permitirle desarrollar sus actividades en forma normal. Por ello resulta importante indicar el tratamiento adecuado y evaluar la respuesta del menor, buscando que sus efectos colaterales no afecten significativamente su vida cotidiana. Estos se basan en cuatro líneas de acción:

Medicamentos: Es el tratamiento más utilizado y a través de su acción a nivel bioquímico evitan que la excitabilidad neuronal sea exagerada, estabilizan las membranas neuronales e impiden que
se produzcan alteraciones.

Dieta cetogénica: Se trata de un riguroso régimen alimenticio, de contenido alto en grasas y bajo en carbohidratos y proteínas usado en niños con epilepsias que no responden a los tratamientos con fármacos y no factibles de tratar con cirugía. Aunque su mecanismo de acción no está claro ha demostrado una eficacia de 70% en la prevención de crisis.

Estimulador vagal: Dispositivo que se implanta bajo la piel y envía estímulos al nervio vago que inhiben las crisis. Al notar las manifestaciones previas el paciente activa el sistema y éste envía descargas eléctricas que impiden la generalización de la actividad neuronal anormal. Es utilizado en organismos resistentes a los fármacos.

Cirugía: Utilizada en pacientes cuya calidad de vida se ve afectada significativamente y no responden al tratamiento farmacológico. El doctor Mesa indica que sólo es posible cuando la afección proviene de un sólo foco cerebral y la zona es factible de resecar o extirpar, por lo que es practicable en cerca de 10% de los pacientes.

Un buen pronóstico

El especialista de la Universidad Católica afirma que en los niños son frecuentes las llamadas epilepsias benignas de la infancia; cuadros que se inician a los 6 ó 7 años y desaparecen a los 12 ó 13. Sin embargo, también se presentan epilepsias que pese a durar toda la vida obedecen muy bien a los tratamientos. El especialista señala que el 80% de los niños epilépticos que reciben el tratamiento adecuado no presentan problemas; la afección no perjudica su inteligencia ni su rendimiento escolar, ni afecta sus actividades personales y profesionales a futuro.

Sin embargo, en algunos menores pueden presentarse problemas de aprendizaje, casos en los que se debe revisar el tratamiento ya que entre los efectos colaterales de los medicamentos se cuentan somnolencia y problemas conductuales, entre otros. Un niño epiléptico bajo tratamiento puede llevar una vida normal, practicar deporte y realizar actividades recreativas, siempre teniendo la precaución de no olvidar sus medicamentos, ya que en caso hacerlo tiene una alta posibilidad de presentar una crisis.

Fuente: Artículo publicado en Revista PadresOk, septiembre 2004.

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