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Las madres con más de un hijo saben desde el nacimiento que cada hijo será diferente. Estas diferencias, que aparecen desde el nacimiento, demuestran que cada niño tiene lo que se denomina temperamento o estilo característico e individual de aproximarse a las situaciones y a las demás personas. Más adelante se irá conformando el carácter para concretar, alrededor los 18 años, lo que se llama la estructura de la personalidad.
En cierta época se consideró que el temperamento era hereditario, que se determinaba por "humores corporales", glándulas e incluso la constitución del cuerpo. La psicóloga Patricia Zamorano, de la Universidad Central de Chile, explica que hoy en día se entiende que el temperamento “es producto también del ambiente; aún cuando la herencia es una influencia importante, el estímulo externo, es decir, situaciones ambientales, modelan y desarrollan el temperamento que posteriormente definirán en el adolescente una personalidad”.
Hay incluso experiencias con chorro de aire frío sobre los bebés, para comprobar cómo reaccionan a los estímulos externos. Algunos tenían de 90 a 180 latidos y otros de 100 a 130 latidos. Los primeros son más influenciables por el medio y reaccionan más intensamente y los segundos menos excitable y menos influenciables. Así, frente a un problema determinado los diferentes bebes tendrían reacciones muy variadas, según su propio temperamento.
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Tras observar a cientos de niños desde el nacimiento hasta concluida la infancia, los investigadores de la conducta identificaron nueve aspectos del temperamento -nivel de actividad física y motora; regularidad en el funcionamiento biológico (dormir, comer, evacuar); disposición para aceptar personas y situaciones nuevas; adaptabilidad al cambio; la sensibilidad a la luz, ruido y otros estímulos sensoriales; humor (alegría o disgusto); intensidad en las respuestas; grado de atención; persistencia- y resolvieron categorizarlos en tres grupos: temperamento fácil, difícil y de reacción lenta. En el Centro Para el Padre Efectivo de Arkansas Center, también los categorizó de esa manera, agregando interesantes consejos para los padres.
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Temperamento de niños y padres
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Un bebé que es inquieto desde que está en el vientre no siempre resulta ser un niño enérgico. Sin embargo, algunos afirman que el comportamiento del feto durante el embarazo es una señal previa del temperamento que va a tener el niño en el futuro.
El psicólogo de la Universidad Alberto Hurtado, Mauricio Arteaga, realizó una investigación en el Hospital de Vall d’Hebrón de Barcelona sobre las representaciones maternales, es decir los sueños que tienen las madres antes de que nazca el hijo, y cómo éstos influyen en el vínculo con los hijos.
El psicólogo recuerda a una madre de gemelos que se había convencido de que sus hijos, según los movimientos fetales, eran diferentes. “A uno le puso el atleta y al otro el intelectual. Cuando uno los veía se daba cuenta que el intelectual no lo era tanto y que sí estaba interesado en tener más estímulos”.
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Los especialistas como Arteaga estudian las representaciones maternas observando la estrecha relación entre el tipo de representaciones fetales de las embarazadas y la clase de vínculo y apego que luego van a tener con el bebé. Según la psicóloga Patricia Zamorano, “el modo de entender y aproximarnos al temperamento de los bebés depende de la representación que tenga la madre acerca de su hijo, y acerca de lo que interpreta de su conducta.
Muchas veces las madres intentan encontrar un sentido a lo que hace su bebé. Por ejemplo, si una madre ve que su hijo gruñe mucho tal vez diga que tiene la personalidad de su padre o que es un enojón. Esto es erróneo y pasa porque la madre intenta comprender el temperamento del bebé y darle un sentido, el cual se verá afectado por el tipo de vínculo temprano que ella establece con ese niño -de un modo seguro o ambivalente, evitativo o desorganizado- intentando ponerle un sello o una etiqueta lo más temprano posible para aproximarse a su bebé y así poder interactuar con predisposición frente a lo desconocido”.
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Muchas veces sucede que el niño para el resto de las personas es tranquilo y responde bien a los estímulos externos, y por lo tanto esta etiqueta de “gruñón” no concordaría con la impuesta por los padres. “Esto permite que nos demos cuenta que las formas de entender el temperamento del bebé pasan por las reflexiones parentales, y por lo tanto no existe necesariamente una realidad única y común para todos, y a la larga provocaremos en el niño una predisposición a formar su personalidad sobre la base de la etiqueta impuesta prematura y ansiosamente por los padres”, explica la especialista.
De nada sirve decir que un niño es rabioso, porque importa ver como la madre vive esa característica en función de su propia personalidad e historia personal. Una madre tranquila podrá contentar mejor a sus hijos y otra más furiosa reaccionará con más agresividad.
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Para el psicólogo Arteaga, expectativas y deseos paternos inamovibles pueden pasar a llevar el temperamento del bebé. Y estos pueden ser muy distintos a lo que ha indicado sus movimientos dentro del útero. Además explica que los padres tiene que observar y contemplar sus bebés, “una devoción total, después comenzará el bebé a adoptar un propio ritmo”.
En el caso de los niños difíciles que presentan algunos comportamientos como el llanto frecuente y la irritabilidad, entre otros, aumenta la probabilidad que los padres reaccionen ante él de forma poco adecuada y ansiosa, creándose alteraciones en la relación niño-cuidador y, finalmente, problemas de conducta en ese niño.
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La contemplación de los padres
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También hay que tener paciencia con los bebés prematuros, quienes normalmente tienden a ser más irritables y con un sueño más irregular que los que nacen de 9 meses. Según investigaciones publicadas en el "Journal of Developmental and Behavioral Pediatrics", luego de estudiar a 74 prematuros la irritabilidad puede desaparecer en el primer año de vida.
Lo importante es que los padres de los prematuros impongan actividades diarias para ayudar en el desenvolvimiento del bebé. "Una menor capacidad de adaptación generalmente requiere más atención y paciencia de los padres para ayudar al bebé a negociar actividades diarias y ajustarse a las transiciones”, dice Mary B. Hughes. "A lo que nos referimos como manifestaciones de temperamento pueden estar relacionadas a las diferencias de madurez de los procesos neurocomportamentales básicos", completa.
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Los padres deben observar a sus bebés cuidadosamente para entender y lidiar con el temperamento de sus hijos. Deben notar los hábitos de comer y dormir, como reaccionan sus bebés a situaciones nuevas, y su disposición. Aún cuando el temperamento de los bebés no puede ser definido fácilmente, los padres deben tener en mente que sus bebés son individuos y que muchas veces el comportamiento infantil es normal, “ya que son bebes, los únicos adultos en esta relación, son los padres”, recalca la psicóloga Zamorano.
Por otro lado, los padres no deberían sorprenderse o desilusionarse con el temperamento de su bebé. En lugar de esto, deben aceptar a sus hijos tal como son y aprender sus gustos y disgustos. De acuerdo a la opinión de la sicóloga, “no podemos proyectar en un niño de 2 años un adulto, debemos tener ciertas pautas o guías facilitadoras para tratar a los niños según su temperamento, pero no predisponerlos a una cierta estructura de una manera tan temprana y prematura”.
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