HOME > HIJOS 0 A 1 > Lactancia Viernes 10 de Septiembre del 2010
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Claves para dejar de lactar

Paulina se preparó con anticipación para su lactancia. Se informó durante todo el embarazo y "guardó vacaciones" para poder pasar el mayor tiempo con su hijo. Tras el nacimiento del pequeño Benjamín, un niño rosado, de buen peso y sano, ella y su pediatra conversaron sobre el tiempo que tenía destinado para amamantar a su hijo y, a partir de eso, elaboraron un esquema educativo de las horas en que debía extraerse leche para dejarle la mamadera una vez que regresara al trabajo, y de cómo debía ir avanzando en ese camino. Al cumplir los once meses, Benjamín dejó la lactancia materna y Paulina se sintió satisfecha por haber cumplido su labor de madre y profesional. "¡Misión cumplida!".

Desde hace algún tiempo, diversos organismos e instituciones internacionales entre las que se cuentan la Organización Mundial de la Salud y la UNICEF, se han encargado de promover la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y, a partir de entonces, complementada con otros alimentos, debido a su importante valor nutritivo, su gran eficacia en el aumento de las defensas, la disminución de los cólicos y la fuerte relación que se produce con la madre, como base fundamental del apego. Además, está comprobado que favorece la reducción de peso post parto en la madre, ejerce un efecto anticonceptivo, regula el mecanismo de control de calcio y fósforo, y reduce la incidencia de cáncer de mama y ovario.

Sin embargo, llega un momento en que es "apropiado" dejar de dar pecho, ya sea porque ha pasado el tiempo que tenía presupuestado, han aparecido los primeros dientes del niño, o porque simplemente la mamá siente que es hora de hacerlo. Así lo señala Marta Sánchez, enfermera matrona de la Universidad Católica, quien advierte que para cada uno de estos casos se debe consultar con el pediatra para evaluar el peso y salud del niño.

Agrega que a veces este proceso de destete es más fácil de lograr, "porque el niño naturalmente comienza a disminuir el tiempo de mamada, pero en otros casos, la madre se da cuenta que el pequeño pide pecho cuando está aburrido o tiene sueño. En estos casos, lo ideal es tratar de desviar la atención del niño y no ofrecer el pecho. Si él no insiste, es señal de que ya se puede saltar esa mamada, con lo que disminuirá el estímulo de producción de leche y por lo mismo, para el niño será cada vez menos placentero lactar".

Un proyecto conjunto

La doctora Maureen Rossel, pediatra de Clínica Las Condes, enfatiza en que los primeros factores que se deben considerar a la hora de detener la lactancia son por un lado, el estado nutricional y afectivo del bebé y, por otro, como en el caso de Paulina, el propio proyecto planteado respecto al tema. Según la profesional, la madre debe planificar desde el embarazo el tiempo que desea mantener su lactancia y tras el nacimiento, intentar ceñirse al máximo a esa proyección, en la que también debiera participar el padre y el equipo médico que los acompaña, pues de esta manera se disminuye el sentimiento de culpa que suele ir asociado a esta decisión, ya sea por el hecho de dejar al niño sin la inmunidad que le proporciona este alimento, o por el cuestionamiento social al que puede verse sometida.

"Lo ideal sería guardar semanas de vacaciones y conversar en el trabajo, para que al regreso se den las facilidades para continuar con la alimentación materna. Actualmente hay mucha polémica respecto a la flexibilización de horarios, pero es fundamental empezar a crear conciencia del ahorro de dinero que significa dar pecho, tanto por lo que se gasta en fórmulas como lo que se ahorra en enfermedades del niño, médicos y antibióticos", señala la profesional.

Lento pero seguro

La producción de leche materna se rige según la ley de la oferta y la demanda, es decir, mientras mayor es la frecuencia con que se da de mamar o se extrae la leche, mayor será la cantidad y consiguiente hinchazón de los pechos. "Durante los primeros meses, se debe privilegiar la libre demanda, pero a medida que se van estableciendo horarios o, en general, a partir del cuarto mes -que es cuando un buen número de madres regresan a sus trabajos- se puede empezar a dar una papa por medio, guardando leche en mamaderas para ofrecer al niño en caso que sea necesario. Esto irá disminuyendo gradualmente la producción de leche, e irá preparando a la madre tanto en los aspectos físicos como psicológicos para cuando decida dejar la lactancia", advierte la pediatra.

Sin embargo, es imprescindible que durante este proceso continúe el vínculo afectivo de la madre y el niño, para lo cual es útil dar en brazos la mamadera, procurando reproducir la atmósfera en que se daba pecho, pues de lo contrario no sólo se quita el pecho, sino también el apego.

Una vez que el niño comienza a ingerir otros alimentos -idealmente a partir de los 6 meses-, se deben ir suprimiendo las tomas del día, pero manteniendo dentro de lo posible las de la mañana y la noche. De esta manera, el cuerpo se acostumbra a producir leche cada determinado número de horas y llegado el momento de suprimirla totalmente será mucho más fácil. "En teoría, una mujer puede terminar la producción de leche en 2 ó 3 días, consumiendo menos líquido y haciendo compresiones en sus pechos, pero la idea es hacerla lo menos traumática para el niño y la madre. Como todo esto es un juego de las hormonas, a medida que se da menos leche, se envía un mensaje al cerebro para que no produzca más leche y se va bajando gradualmente la producción", señala la doctora Rossel.

Es importante que antes de llevar a cabo el destete definitivo se vaya introduciendo la mamadera o vaso, dependiendo de la edad del niño, primero con leche materna obtenida con extractores manuales o automáticos, y luego con fórmulas enriquecidas. Probablemente, en un comienzo le cueste extraer la cantidad necesaria, por lo que es recomendable comenzar algunas semanas antes con este proceso y congelar la leche.

Lo fundamental en esta etapa es hacer todo con la convicción de que es lo mejor, y seguir un ritmo paulatino en el cual el niño se vaya adaptando lentamente.

Fuente: extracto de artículo publicado en Revista PadresOk, Octubre 2003.

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